Las medusas son animales imprescindibles.

Conocidas por los científicos como cuerpos gelatinosos, en inglés “Jellyfish”, existen desde hace más de 500 millones de años y están compuestas en un 95% de agua, a pesar de que no lo parezcan, son una parte importante del ecosistema marino.

Se alimentan de pequeños peces, huevas e invertebrados, y a su vez son alimento de grandes peces o tortugas, su presencia por tanto es necesaria, ya que ayuda a controlar la población de algunas especies de peces, al alimentarse de sus alevines y huevos, regulan la cantidad de zooplancton en el mar, ya que equilibra la cantidad de esa sustancia, y a su vez sirven de alimento a otros peces o animales marinos, como ya se ha indicado. Son un escalón de la cadena trófica y de ahí su importancia.

Algunas de ellas son la base de alimentación de las tortugas y del pez luna, el exceso de plásticos en los mares, hace que estos animales confundan estos residuos con medusas y al tratar de comerlos, terminan muriendo ahogados.

En los últimos años, la población de las medusas ha aumentado debido a la sobrepesca que han sufrido sus depredadores, al calentamiento del agua y a la contaminación, esto podría causar graves problemas en el ecosistema marino y por tanto en el medio ambiente.

Por todo ello, es importante que seamos conscientes de que todos podemos contribuir a mejorar procurando racionalizar nuestra forma de consumir, tratar de reducir los residuos que generamos por nuestra forma de vida, que el impacto en el calentamiento global de nuestros procesos productivos sea el mínimo necesario, y de esa forma, las “Jellyfish” vuelvan a equilibrar su población en los mares y océanos.

Esa es la historia de nuestra “Cottyfish”, nuestra medusa de algodón,

un pequeño ser marino que tiene una gran importancia en el ecosistema, que nos recuerda que aunque seamos pequeños, todos podemos hacer algo, porque todos somos importantes, y nuestras pequeñas acciones pueden contribuir a mejorar mucho.